29-06-2007
¿Somos adictos al riesgo?
Llama la atención como desde niño a joven adulto disfrutamos ese cosquilleo en el estomago cuando nos enfrentamos a situaciones que sabemos nos pueden hacer mucho daño. Cuando somos niños, la mayoría no aguantamos esa tentación de subirnos al techo de la casa, escalar un árbol, agarrar con la mano un bicho desconocido o simplemente descubrir experiencias nuevas. Ya más grandes el riesgo que nos satisface es mayor. Muchas de las acciones que realizamos son completamente infavorables a nosotros, no nos importa si terminamos con una pierna o el corazón roto. El sólo hecho de ser parte el juego es lo que nos impulsa a realizar actos ilógicos, o económicamente hablando, no rentables. Incluso ya mayores el riesgo nos sigue impulsando, en donde ni siquiera el matrimonio nos tranquiliza. Es muy recurrente la idea del amante o del sexo en lugares que nos pudiera pillar cualquiera. Es acaso el riesgo es necesario para ser feliz o sufrimos de una enfermedad colectiva llamada osadía.
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